Y sentir las gotas caer sobre mi rostro; el frío hacía que no pudiera mover a penas los dedos, con la nariz congelada y el cuerpo tiritando. Pero aún así seguía con mis locuras y mis estupideces. Con mi sonrisa y a la vez mis lágrimas. A su lado. Abrazándole como jamás van a abrazarle. Y es que cuando le tengo cerca, el resto no me importa.

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