¿Alguna vez te han comido el corazón a mordiscos?

jueves, 1 de diciembre de 2011

Hoy es siempre, todavía.

Hoy, echo de menos a mucha gente. ¿Cuál es la importancia de la gente que pasa por tu vida? ¿Por qué nos afecta tanto que desaparezcan? Han pasado tantas personas a lo largo de tan sólo diecisiete años, y se han marchado ya casi todas. Y aún ahora, echo de menos a la mayoría de ellas. Grandes amigas, simples conocidas, altas, bajas, rubias, morenas, reservadas, extrovertidas, calladas, valientes, sinceras o no
Pasan muchos nombres por mi cabeza, y también la idea de encontrar un por qué. ¿Por qué se acaban las cosas que más nos importan? ¿Por qué ya no quedan tardes como las de antes? Hace unos años todo era fácil, un timbrazo al teléfono y a los diez minutos llegabas a mi casa, o cada viernes congelándonos en tu comedor, contándonos lo que había pasado en una semana, riéndonos sin parar, tanto, que llegábamos al punto de no poder respirar y mover los brazos rápidamente.

Las cosas nunca tienen demasiado sentido, simplemente ocurren... y no vuelven. En muchas ocasiones, tan sólo hay una oportunidad, y si algo he aprendido es que las oportunidades que tú desperdicias, otros las aprovechan. Pero... ¿son errores tuyos, o algo que tiene que ocurrir? Me refiero a que... todo el mundo sufre decepciones, nadie es único, a nadie le ocurren cosas que al resto del mundo no. Empiezo a pensar que el hecho de que las personas pasen por tu vida y desaparezcan, ya te hagan daño, ya te hagan feliz... son necesarias. 
El ser humano necesita relacionarse con los demás porque necesita afecto, necesita desarrollar su carácter, su identidad y su personalidad... pero esta necesidad de contacto con los demás seres humanos, a su cariño, también nos lleva a arriesgarnos con el dolor. No hay sonrisa sin lágrimas, no hay vida sin miedo.
Las heridas no se cierran sino con tiempo, muchísimo tiempo... ¿Por qué te sigo echando de menos? Empezamos una conversación de la nada, tal vez de tu fantasía y de mi imaginación. ¿Te acuerdas de las historias que escribíamos? De tu Nueva York querida, de mis ansias de volar. De un rayo de sol que se dio la vuelta para sonreírnos y fuimos tres, talibanas. ¿Por qué talibanas? Por ser kamikazes. La autodestrucción estaba en nosotras, en cada una a su manera: dependiente, independiente, corazón.
Me acuerdo de esas canciones que sonaban en mi día a día... ''Tienes mil secretos, mil recovecos por dónde yo me pierdo cuando no estás. Lo mucho que te quiero es lo mucho que desespero, que me perdone el cielo que hoy me siento un talibán. Sé que no soy fácil, que a veces manda huevos, que aunque quiera no puedo dejarte de mirar..."

 "Hoy es la última vez que pintará sus labios para alguien, dice que su corazón se está oxidando con el aire y yo la creo, siempre que la veo algo le pasa, dice 'se me pasará' desde la semana pasada y no le pasa, le pesa la sonrisa demasiado, se la tapa con su pelo largo... sólo las canciones de su grupo preferido le dicen algo. Siempre sola con el walkman por el patio, ni caso a los tíos ni a las amigas del barrio. Busca otra música, pasa de los rollos... yo quiero que salgas de tu pozo de los lloros.
Pero ya no estáis, ni estaréis. ¿Qué nos pasó? Hay tantas versiones como implicadas somos, y en realidad, da igual... siempre voy a echar de menos nuestros momentos. A veces me gustaría volver atrás y cambiar las cosas, hacerlas de otra manera, pero no, ni puedo ni quiero. Todo lo que ha pasado, sobre todo en este 2011 combulso, me ha hecho ser quien soy. ¿He cambiado? Sí, ahí os doy toda la razón. He evolucionado, empeorado o mejorado, según se mire. Sigo siendo esa kamikaze que conocisteis, que se odia y que se esfuerza por ser alguien mejor, la que quiere con el corazón y se preocupa por todo y por todos. Incluso por vosotras; por la que se sienta delante de mí, que lleva mi sangre y no es nada, por la que está en la clase de al lado y veo con semblante frío y triste, por la que se desvanece en las calles de la ciudad... Pensándolo bien, ¿he cambiado o sigo siendo igual de complicada? Sigo siendo una contradicción, pero sí, en algo sí cambié: ya no me dejo llevar, ya miro también por mí, ya no me interesa tropezar con la piedra que estorba mi camino... ¿Soy fría? En absoluto. ¿Lo aparento? Tal vez, estoy cansada de perder.


Y tú, pequeño desastre, dime cuál es la razón para haberme atrapado de esta manera, para que no pueda vivir sin ti y que tu sonrisa sea motivo de alegría, y el hecho de que te alejes me haga temblar. Sinceramente, no quiero vivir sin ti, y si te vas, porque eso es lo mejor para ti, soy la primera en apoyarte, no te olvides de aquel diecisiete de noviembre del 2010. ¿Recuerdas todo lo que nos dijimos? "Que sepas que eres una de las pocas personas con las que puedo estar todo el día sin cansarme, piensa lo que eso significa". Tú, sí, sí, TÚ me has hecho ser, en gran medida, como soy. No terminaré de agradecértelo jamás.
Y no quiero estar ni un minuto más deshojando una verdad que nos mira a la cara, de frente y no se larga. No quiero ser la que sabe más, ni la que nunca falla... tan sólo quiero poder seguir compartiendo mi vida con las personas que hoy por hoy lo están, porque os quiero y no os pienso fallar, igual que tampoco me habéis fallado vosotras. ¿Os acordáis de la nicotina que necesitaba para quemar ansiedad? ¿De las lágrimas que aguantásteis? ¿De las sonrisas que me regalásteis? No pienso perder eso, nunca, porque ya lo dijo alguien, mi vida está hecha de todas las vidas, estáis grabadas a fuego. Os quiero se queda pequeño.

¿A qué viene todo eso? ... no lo sé. Supongo que para seguir con mi vida tengo que ir cerrando los capítulos que dejé abiertos, o a medias... Por que la vida es corta, pero si sabes vivirla, una sola vida puede ser suficiente. Ayudadme a vivirla, a ser eternamente jóvenes, a no perder los infantilismos, a madurar, a encontrarme, a meternos en lío y pensar luego cómo salir de ellos. Dicen que la familia no se escoge, pero que los amigos sí, así que... gracias por haberme escogido. Cada uno de nosotros tiene mucho que aguantar, pero ¿quién no? Somos adolescentes, las cosas malas nos parecen catástrofes, vivimos al día pensando en un futuro que se presenta muy negro, no pensamos nuestras acciones y las consecuencias nos parecen mayores de lo que a lo mejor son. Los sentimientos son tan intensos... 

Y ahora que ya estamos creciendo, que algunos ya tienen edad para conducir, que algunos estamos a las puertas de la Universidad, de la independización y de lo que eso conlleva, ahora que todo esta etapa de nuestra vida, que siempre se solemos describir como la peor se pasa... me doy cuenta de que no es la peor, es la que nos acaba de formar; estamos convirtiéndonos en personas, más o menos civilizadas. Decidiendo lo que somos y lo que no, en lo que creeremos... y yo creo en todos vosotros. Y me doy cuenta, de que me parece irreal toda esta farsa - la vida - sin vosotros. Pío Baroja, dijo: "La vida es dura, cruel e incomprensible. Ni siquiera podemos encontrar refugio en el amor, pues como la religión, no es más que otra mentira vital" Y yo quiero vivir en esa mentira, todo lo que me quede de vida

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